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January 22
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Un atajo hacia los Zora


Tras un desayuno rápido con Telma en la cocina del hotel, Link se sintió mejor. Leonardo también se había levantado muy pronto esa mañana para ir a ver al niño Zora, quien seguía durmiendo, pero que según el sacerdote no tardaría en despertar totalmente recuperado.
Link hubiera preferido no despedirse de nadie, pero tenía que recuperar su ropa, así que había seguido a Leonardo hasta la habitación. Encontró a Ilia despierta; los niños todavía dormían. Ella, sonriente, se apresuró a ir hacia él, tendiéndole las ropas ya arregladas. No era una sonrisa diferente a las que le dedicaba a Leonardo o a Telma; en ella, todavía no había rastro de aquella chica a la que consolaba si se hacía daño en las rodillas cuando jugaban de niños.
— Tenga, señor Link. He conseguido coserlas.
Link las aceptó, agradecido.
— Sé que está intentando proteger estas tierras de las cosas extrañas que están ocurriendo—dijo la chica, cogiéndole las manos por encima del bulto perfectamente doblado que formaban sus ropas—. Tenga mucho cuidado.
Conmovido, el joven se limitó a decirle con una sonrisa que lo haría. Recordó las últimas palabras de la chica, antes de que los monstruos la raptaran delante de él: "Prométeme que volverás sano y salvo..."
Ojalá hubiera podido prometerle en ese momento que todo iría bien. Ojalá hubiera podido llevarla de vuelta a Ordon montados en Epona; estaba seguro de que, al oler el aroma del heno y las flores, los recuerdos volverían a ella.
Leonardo insistió en echarle un vistazo a la herida que se había hecho el día anterior. Ya estaba casi cerrada y estaba seguro de que no se iba a infectar, así que Link no entendía por qué había pasado una noche inquieta y febril. Mientras el sacerdote le cambiaba las vendas, estuvo tentando de contarle el sueño que había tenido, pero no quería molestarle por una simple pesadilla. Seguramente le diría que tener sueños oscuros era algo normal con todo lo que había pasado.
Link se vistió y se preparó para partir. Leonardo le dio agua fresca y algunos víveres. Lalo, el más pequeño de los niños, ya se había levantado y estaba en el bazar que había decidido reabrir para ayudar a reconstruir el pueblo. El pequeño, que siempre había sido mucho más maduro y reflexivo que su hermano mayor Talo, le vendió algunas flechas y un curioso artefacto que le permitiría dar en el blanco más fácilmente. Por suerte, Lalo no era de los que hacían preguntas. Link sintió que era mejor así, porque no sabría qué responderle a los niños si le preguntaban cuándo iba a volver.
El señor Mechas, que llevaba una tienda de explosivos, había insistido en que se llevara algunas de sus nuevas bombas acuáticas, y Link las compró encantado porque seguramente le serían muy útiles; después de todo, el templo de los Zora estaba hundido bajo el lago.
Epona le esperaba pastando junto a la Fuente del Espíritu, meneando la cola suavemente. El corazón de Link dio un vuelco; al mirar hacia el agua, la fuente seca y ponzoñosa que había visto en sus sueños la noche anterior había vuelto a su mente por un instante. Link sacudió la cabeza, enfadado consigo mismo; no era el momento de preocuparse por extraños sueños cuando la oscuridad real amenazaba el mundo. Aun así, aquellas aguas sagradas le habían ayudado muchas veces a sanar sus heridas, y quizá también podrían sanar su espíritu, librarle de aquel extraña sensación de irrealidad que le atenazaba desde hacía días y que colmaba sus noches de extrañas imágenes oscuras. Pero no había tiempo. Tenían que irse cuanto antes, pues había un largo camino hasta la Región de los Zora.
Cargó a Epona con sus enseres y partió, levantando una nube de polvo a su paso.
No miró atrás.


Varias horas después, sentado bajo un árbol, Link resoplaba. En sus manos tenía un mapa de Hyrule e intentaba buscar el mejor camino para llegar hasta la Región de los Zora. El sol ya se estaba poniendo y el color anaranjado que tanto le gustaba a Midna coloreaba las nubes. La Twili soltó una risita ante la frustración de Link.
— Todo el mundo sabe que los hombres no pueden leer un mapa —dijo.
— ¿Ah, sí? Pensaba que era al revés —replicó el chico con ironía, un poco exasperado.
— ¿Seguro? ¿Quién te guió, si no, dentro del Templo del Bosque? Si no llega a ser porque estudié bien ese viejo mapa que encontraste...
— Midna, fueron los monos —dijo Link, poniendo los ojos en blanco—. Tu lo único que hiciste fue quejarte de tener que seguirlos por todo el templo.
— ¡Pero el mono era una hembra! Entonces, yo tengo razón.
— Eso no tiene sent... —replicó el joven, pero prefirió respirar hondo—Déjalo, no importa. Fíjate, parece que justo al norte del castillo hay un pasaje que conecta directamente con la región de los Zora. Tenemos que llegar hasta la ciudadela atravesando las praderas al suroeste, y luego tomar el camino del noreste, rodeando el castillo. Es nuestra única alternativa, porque el Gran Puente de Eldin sigue desaparecido. Pero me temo que nos llevará al menos dos días más de viaje...
La Twili suspiró.
— En fin, qué más da, mientras lleguemos... Ese sacerdote tan majo nos ha dado comida de sobra, no pasaremos hambre. Total, te empeñas tanto en ayudar a los demás que ya me he acostumbrado a esperar por ti, ¿qué más da un día más?
Link no supo cómo tomarse las palabras de la Twili, quien desapareció en su sombra con una risa burlona.



El cielo era rojo como la sangre. Una niebla envenenada lo cubría todo.
El repentino eco de una carcajada triunfal le hizo caer de rodillas, totalmente privado de sus fuerzas, despojado de todo valor. Pero tenía que seguir,  no podía dejarles morir... Ya estaba muy cerca...



Link despertó encogido en la oscuridad, con la manta enredada en las piernas; estaba empapado en sudor y tiritaba. Tardó un buen rato en controlar sus temblores, y para cuando el sueño decidió volver a él, ya estaba amaneciendo. Comió lo poco que le permitió su estómago encogido y reemprendió el viaje. Se sintió un poco mejor cuando vio que la silueta del castillo ya era visible en el horizonte; en menos de dos días, llegarían a la Región de los Zora. Al ver las altas torres cada vez más cercanas, una idea se asentó en la mente del muchacho.
— Midna... —Link esperó hasta ver la silueta de la Twili a su lado— creo que ya que estamos aquí deberíamos ir a ver a la princesa. Quizá ella...
Midna bufó.
— ¿Te has vuelto loco, héroe? Son nuestros asuntos y sólo nosotros debemos ocuparnos de ellos. Deja que tu princesita se ocupe de los suyos. Ella ya ha hecho su parte, ¿no te parece? —soltó con cruel sarcasmo.
Link no estaba de acuerdo con Midna. El joven estaba seguro de que la princesa Zelda sabía más de lo que parecía y que podría aclararle muchísimas cosas. Y él tenía muchas preguntas. Aunque Midna le había dicho hacía días que la culpara a ella si tenía que culpar a alguien, algo en el corazón le decía que la soberana de Hyrule sólo era una víctima más del mal que amenazaba el mundo.
— Te llevé porque quería que te contara personalmente que por su culpa tu mundo estaba sumido en las tinieblas y tú tenías cuatro patas y un rabo. No me apetece nada ver de nuevo ese rostro tan bondadoso y solemne y hablar con ella —escupió la Twili.
— No vengas tú si no quieres.
— Viajo en tu sombra, "héroe"... No me queda otro remedio.
Sonriendo de medio lado, Link se encogió de hombros.
Pues entonces, no hables.
Link temió que saliera de su sombra y le inmovilizara con su peculiar cabello, pero la Twili no hizo nada, aunque la oyó farfullar durante todo el camino hacia las puertas del castillo. Los soldados se plantaron delante de él apenas le vieron llegar.
— Lo siento. Tenemos la orden de no dejar pasar a nadie.
Link no supo qué decir. No quería contarles su misión, y si les decía que era el Héroe Elegido por las Diosas, tampoco le iban a creer... Le pareció que, en su sombra, Midna reía entre dientes.
Entonces recordó que Telma le había dicho que en su taberna había un pasaje que conectaba directamente con el castillo... claro que tampoco iba a presentarse allí por las buenas y pedir que le mostraran el pasadizo porque quería ver a la princesa; aunque la mujer le había dicho que era bienvenido a su taberna siempre que quisiera. Quizá había alguien allí cuidando del local y de la clientela, y en ese caso, no tenía más que decirle que venía de parte de Telma; seguro que al menos le ofrecerían una comida caliente y algo de descanso.
La puerta estaba entreabierta y el joven la empujó para entrar. El local parecía estar vacío, hasta que reparó en tres personas que estaban reunidas al fondo, en la misma mesa donde días antes los soldados consultaban un enorme mapa de Hyrule. No parecían haber reparado en su presencia.
Eran dos hombres, uno pelirrojo con gafas y otro con un peculiar bigote, y una mujer joven que llevaba el pelo recogido y vestía una extraña armadura.
¿Cómo? ¿Que la Reina Rutela... ha muerto? —exclamó la chica.
Y no solo eso —dijo otra voz, que Link dada la distancia no pudo identificar— La región entera está congelada...
No puede ser... —dijo la otra voz masculina.
— Eh... Disculpad...
Los tres se callaron de golpe, sobresaltándose y mirándole con ojos como platos.
— ¿Qué sois, un cliente? El bar está cerrado, la propietaria no está, ¿no visteis el cartel de la entrada? ¿Podríais dejarnos, por favor?
Link avanzó unos pasos y siguió hablando.
— No, yo no... Escuchad. Es cierto que la reina ha sido asesinada, pero la Región de los Zora ya no está congelada.
— ¿Ah, sí? ¿Cómo lo sabéis? —preguntó el hombre.
— Porque he... he sido yo, yo la he descongelado.
— ¿Vos, zagal? ¿En serio? —dijo el hombre del bigote, mirando disimuladamente a sus amigos— Claro, esperad... esas ropas... ¡Debéis de ser el héroe de la leyenda...!
Soltando una carcajada, miró al más joven, quien también rió; la chica se limitó a lanzarle de reojo una mirada llena de desconfianza.
¿Qué eres en realidad, chico? ¿Un actor? —dijo con desprecio— Vestirse como el héroe de la leyenda... qué mal gusto. Si quieres llamar la atención, ¿por qué no te unes al circo?
Pese a las risas, el joven pelirrojo parecía interesado.
— ¿Dónde las habéis conseguido? ¡No me digáis que las habéis cosido vos mismo!
Azorado y confuso, Link abandonó la taberna. Por suerte, tuvieron la decencia de no acompañarle con sus risas.
— ¿Quién se ha creído que es para meterse con mi indumentaria sin conocerme? Me gustan estas ropas... —por un instante, el muchacho dejó de ser un héroe para ser un simple muchacho y se miró la parte de atrás de la túnica, las mangas, las manos— Es decir... no voy tan mal... ¿no?
Midna soltó una risita.
No te preocupes, a su lado eres la persona con más buen gusto del mundo —le susurró—. He visto sus zapatos... Lleva bordado un dibujo de ese bichejo tan raro que nos hemos encontrado a veces atascada en las vasijas de barro. Ya sabes, esa especie de anciana con forma de pollo.
Link se paró en seco.
— ¡¿Que tenía... el dibujo de una uca en los zapatos?!
Link abandonó el callejón como pudo, doblado como estaba de la risa; no pudo parar hasta que alcanzó la calle del oeste, para asombro de los transeúntes. Reconoció aquel pasaje como el lugar donde el antipático doctor tenía su oficina. Su presencia pareció interesar a dos mujeres que charlaban con otra que estaba asomada a una ventana, y que empezaron a hablar en susurros.
— Mira... es ese joven, el de las ropas verdes...
Dicen que ayudó a Telma a llevar al niño Zora que encontró desmayado hasta Kakariko. Seguro que ya está sano y salvo.
Es como si los cielos nos hubieran enviado un héroe en estos tiempos tan oscuros que corren.
Y es tan apuesto...
Abrumado, Link fingía que no había oído nada.
— Ese médico es un egoísta. Seguro que no ayudó al niño porque no podía pagarle...
Link vio al doctor meterse en su despacho dando un portazo.
— Procura no enfermar, Link, porque creo que no te va a atender —le susurró Midna con sarcasmo— Todos los héroes se ganan enemigos, ya sabes.
Salieron de la ciudadela por el camino del oeste. Por el resto del día, Link se olvidó de las pesadillas y los peligros que todavía le aguardaban; el incidente de los zapatos y la conversación de las tres mujeres le habían aligerado el corazón y el camino hacia el norte se hizo mucho más llevadero.
Ya habían dejado el castillo muy lejos, su silueta perdiéndose en la niebla, y la noche no tardó en caer sobre la pradera. Link se refugió de una repentina lluvia en una pequeña cueva escondida cerca del camino, y Midna y él decidieron pasar allí la noche.
Esta vez, el joven héroe no tuvo ningún sueño oscuro. Sólo le pareció escuchar una voz que le llamaba, apagada por un retumbar sordo y pesado. Al día siguiente ni siquiera supo si había sido un sueño.
Salieron al amanecer, como siempre, recorriendo el camino marcado por el mapa sin más incidentes. Cuando llegaron al final, unas enormes rocas bloqueaban la entrada. Seguro que había sido cosa de los monstruos. Había llegado el momento de usar las bombas que había traído consigo, aunque prefirió reservar las acuáticas para el templo y usó una de las normales, esperando que fuera suficiente.
La explosión resonó como un eco en los caminos cercanos; Link se protegió de la lluvia de gravilla con su escudo. Asustada por el estruendo, Epona relinchó y pateó el suelo.
— Seguro que hemos atraído a algunos monstruos —dijo Midna—. Será mejor darse prisa. Estoy segura de que no se atreverán a seguirnos hasta la Región de los Zora.
Link asintió, acariciando la cabeza de su yegua para tranquilizarla. Luego cogió las ropas que le había dado la reina y algunos víveres de las alforjas.
— Epona, escúchame. Vuelve a la ciudadela. Allí estarás a salvo. Yo... Volveré a por ti. Lo antes posible.
El animal relinchó suavemente y le olisqueó la cara antes de perderse de vista. Link deseó que aquella no fuera la última vez que veía a su fiel yegua.
La cueva estaba tan oscura que tuvo que usar el candil, pero pronto vio un resplandor y empezó a oír el murmullo del agua.
Mientras recorría el camino que llevaba al salón del trono, Link supo que la luz del crepúsculo y sus ojos de lobo no le habían dejado contemplar la belleza de aquellas tierras. Las paredes eran de un gris brillante como la plata, surcadas por bellos e intrincados dibujos. Los rayos del sol, ya bajos, entraban por entre los respiraderos que cubrían las cuevas, arrancando destellos del agua. A su alrededor, las cataratas caían por todas partes, centelleantes a la luz del sol. Link decidió que llevaría allí a Ilia cuando todo acabara. Aquel pensamiento le llenó de una extraña tristeza.
— ¡Espera...! —dijo de repente; el joven se sentó en el suelo y empezó a quitarse las botas— Las ropas de la reina, me olvidaba. Será mejor que me presente ante los Zoras con ellas.
Midna soltó una exclamación cuando el joven se quitó sin ningún decoro la camisa que llevaba bajo las ropas.
— ¡Oye, héroe, avísame cuando vayas a hacer eso!
— ¿No decías que no hay nada que te interese en un humano?
Vestido por fin con las ropas color zafiro, Link llegó al salón del trono. Los Zoras eran criaturas muy bellas; en el agua, se movían como peces, pero en tierra podían ser feroces guerreros, y sus rostros casi humanos eran más hermosos que los de los hylianos. Alrededor del pozo que una vez estuvo congelado, había decenas de soldados. Los Zoras eran normalmente criaturas muy pacíficas y hospitalarias, y ninguno de ellos se acercó a Link de manera hostil. Sus ropas, eso sí, parecían haber llamado su atención.
— Esos ropajes que lleváis... una vez pertenecieron a un gran héroe que salvó estas tierras —dijo uno de los soldados—. Solo os las ha podido dar nuestra soberana... ¿Quiénes sois?
Link se presentó y les contó todo lo que había pasado, arrancando vítores y hasta lágrimas de alivio cuando les dijo que el príncipe estaba a salvo en Kakariko. Una vez dadas las explicaciones, les comunicó su deseo de visitar el templo del fondo del lago.
— El lugar al que deseáis ir custodia un tesoro muy peligroso —dijo otro soldado—. ¿Lo sabéis?
— Sí —dijo Link—. He hablado con el gran espíritu que protege estas tierras, Lanayru. Él me dijo dónde se encontraba el templo … y lo que custodiaba.
 La risotada demente de Ilia y un destello de sangre y oscuridad cruzaron por su mente; Link se obligó a concentrarse.
— En ese caso, no creo que tengamos nada más que añadir —continuó el primer soldado que había hablado—. Sólo deseamos que nuestro Príncipe vuelva pronto con nosotros. No existe mayor tristeza que hacer guardia frente a un trono vacío. También estamos preocupados por los que fueron al remanso a buscarle, porque aún no han vuelto.
— Me los encontré cuando cumplía mi misión, y estaban bien —anunció Link—. Si les veo de nuevo, les comunicaré que su príncipe está a salvo.
— Os lo agradecemos. Mucha suerte en vuestra empresa, y que la protección de las diosas nunca os abandone. De momento, os puedo ofrecer nuestra hospitalidad. Está atardeciendo, y el fondo del lago no es un lugar seguro durante la noche. Mañana, uno de los nuestros os guiará hacia el templo.
:iconnoe-izumi:
Un capitulillo de transición, aburridillo XD
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:iconanela-comic:
me gusta, espero que el proximo capitulo salga pronto(claro debes de tomarte tu tiempo, por que este lo acabas de subir, no quiero presionar :) ) aun asi, tengo inmensa curiosidad por saber que es lo que sigue, sigue con tu buen trabajo
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:iconnoe-izumi:
*Noe-Izumi Jan 23, 2013  Professional General Artist
ahora viene lo bueno, como quien dice :D
La verdad es que pense que me costarian mas, pero el cinco y el seis los estoy escribiendo a la vez y no voy mal
Seguro que en menos de un mes estan aqui :D
Muchas gracias por leerlo.
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:iconmidna0kildea:
~Midna0Kildea Jan 22, 2013  Student Artist
Me gustó bastante... Sobre todo el detalle de los zapatos de Shad... La próxima vez que tome el Twilight Princess para jugar, les prestaré mayor atención.

Yo creo que como buen admiradora del Twilight Princess como yo, sabrás del atajo que está en el cementerio de Kakariko hacia el Lago hylia. Al irte por allí te dejan bajo las cataratas del Lago Hylia.

Ánimos con el fanfic, me encanta tu manera de redacción, yo con suerte puedo hacer redacciones de primera persona sin trabarme la lengua x3

Saludos!
Eee hee hee!
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:iconnoe-izumi:
*Noe-Izumi Jan 23, 2013  Professional General Artist
si,ese atajo lo tuve en cuenta pero lo voy a usar mas adelante, cuando el principe se marche :D Necesitaba ir por la ciudadela para pasar por la taberna y no dejar cabos sueltos.
De todos modos, Link tenia que pasar primero por el rio Zora y la unica manera de ir sin Midna (que aun no podia) es por el norte del castillo. Por eso no fui por Kakariko ^_^

Me alegro de que te guste, cuesta mucho escribirlo, la verdad!
Reply
:iconmidna0kildea:
~Midna0Kildea Jan 23, 2013  Student Artist
Sí lo recuerdo nwn. Es que como el juego las últimas veces lo jugaba a la rápida me saltaba esos pasos. Animo y ansío la siguiente parte.
See you later
Reply
:iconnoe-izumi:
*Noe-Izumi Jan 23, 2013  Professional General Artist
la risa es que yo lo juego cada vez mas lento jajaja! Siempre descubro cosas nuevas XD
Espero que te gusten los siguientes episodios!
Reply
:iconmidna0kildea:
~Midna0Kildea Jan 23, 2013  Student Artist
Una vez lo complete, saque todos los bichos y los cofres. También había tenido todos los poes y había completado la cueva de la hada. Pero mi consola sufrió un problemilla y mi hermano la formateo uwu así que nunca más jugué en serio uwu.
Claro que me gustarán
Saludos
Reply
:iconpri-yagami:
~Pri-Yagami Jan 22, 2013  Hobbyist General Artist
Está muy chulo! ^_^ ya sabes que me encanta :D:D
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:iconnoe-izumi:
*Noe-Izumi Jan 23, 2013  Professional General Artist
^__^
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:iconpri-yagami:
~Pri-Yagami Jan 23, 2013  Hobbyist General Artist
:3
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